En este instante, así son las cosas

 

Una de mis definiciones favoritas de mindfulness o atención plena, de James Baraz, es:

“Mindfulness es simplemente ser consciente de lo que está sucediendo justo ahora sin desear que sea diferente; disfrutar lo placentero sin intentar aferrarte a ello cuando cambie (que lo hará); estar con lo molesto sin miedo a que siempre vaya a ser así (que no lo será).”

Hace unas semanas me comentaba una alumna que realizó el curso de mindfulness e inteligencia emocional  que se encontraba, ante la vuelta al trabajo, más nerviosa, que estaba insoportable con todo y todos (incluso con ella misma), con un pellizco en el estómago, y que que no conseguía parar la cabeza (¿alguna persona se siente identificada?). Eso, pese a practicar a diario con diversas técnicas de meditación, lo cual le estaba haciendo plantearse la utilidad de todas ellas.

El de ella no es un caso excepcional. Son muchas las personas que, cuando se trata de lidiar con sensaciones desagradables, plantean la misma pregunta: ¿cómo voy a sentirme de esta manera, y NO desear que sea diferente? ¿Cómo voy a querer sentirme así?

Esta es una buena pregunta. Si ya puede resultar difícil el estar plenamente presentes en los mejores momentos de nuestra vida, ¿cómo lo hago para cultivar ese estado de presencia y ecuanimidad cuando las cosas se ponen verdaderamente mal?

Esta pregunta tiene mucho que ver con la resistencia. Pasamos gran parte de nuestro tiempo resistiéndonos al momento presente. “No quiero estar aquí. No quiero estar haciendo esto, o aquello. Ojalá estuviera en tal o cual sitio”. Y llevamos esa resistencia incluso a nuestras prácticas de meditación (ya sea meditación formal, o cualquier práctica que implique el conectar con el momento presente, como el Qi Gong).

Podemos encontrarnos con temporadas en las que, durante nuestra práctica de mindfulness, nuestra atención va y viene continuamente. Es importante que sepamos que este divagar de nuestra mente es totalmente natural. Su función es la de generar pensamientos, al igual que el estómago genera enzimas digestivas.

También podemos tener otras fases en las cuales nuestras sesiones de mindfulness son geniales: nuestra atención permanece enfocada y, cuando se va, nos damos cuenta al momento y volvemos a fijarla en nuestra respiración. Incluso podemos llegar a pensar “soy bastante bueno en esto”, y entonces es cuando nos apegamos a esta práctica. Creamos expectativas acerca de cómo debería ser.

Cuando pasamos por un período de confusión (de los tantos que nos vendrán durante nuestra vida), podemos notarnos más distraídos, incluso aburridos, y con un montón de “charla mental” durante nuestra práctica de mindfulness. Es entonces cuando podemos echar de menos esas “buenas” sesiones y desear que las actuales fuesen diferentes. “Desearía que mi mente estuviese más calmada. Ojalá no tuviese tantos pensamientos. Se supone que esto no debería ser así”.

Se supone que esto no debería ser así

Esta es la sentencia que verdaderamente nos genera problemas. Aunque no creo que nuestras vidas estén predestinadas, que ciertas cosas tengan que suceder porque sí, sí que pienso que lo que nos sucede en este momento es el resultado de las miles y miles de decisiones y acciones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida (sin tener en cuenta el azar, que también influye, obviamente). Por lo tanto, la manera en la están sucediendo las cosas en este momento es la que es, en función de cómo se han ido desarrollando todos los acontecimientos previos. Por tanto, así es como se suponen que deben ser las cosas ahora mismo.

Y aun así, nos resistimos. ¡Se supone que esto no debería ser así!

Cuando nos resistimos a los pensamientos, experiencias, emociones,… que surgen durante la práctica, o durante nuestra vida, estamos entrenando la resistencia, y no practicando mindfulness. La verdadera práctica consiste simplemente en darme cuenta de esos pensamientos, distracciones, del dolor, la tristeza, el enfado,… o cualquier otra cosa que esté sucediendo en el momento presente. Y para ayudarnos, podemos repetirnos mentalmente “En este instante, así son las cosas”.

Según Baraz, no deberíamos pasar nuestra vida deseando que las cosas fuesen diferentes. Aunque lo contrario a “no desear que fuese diferente” no es “querer que sea de una determinada manera”. Lo opuesto a “no desear que fuese diferente” es aceptar, esto es, no pretender cambiar las cosas como son ahora mismo; es aplicar la no resistencia.

Aceptar lo que nos está pasando en este momento no implica que nos guste, pero tampoco que tengamos que luchar contra ello. La lucha solo suele traer consigo un mayor malestar. La aceptación, sin embargo, es el primer paso para poder cambiar aquello que no me resulta agradable. En esto consiste esencialmente la ecuanimidad, una de las características que cultivamos con la práctica de mindfulness; no queremos que las cosas sean de esta manera, aunque tampoco interferimos en ellas para que sean de otra forma. Simplemente me siento con ellas, y las observo.

Por ejemplo, si notamos en nuestro cuerpo como el corazón se acelera, o como mi mente no para de pensar, o cualquier otro síntoma que me desagrade, puede serme de utilidad una variante de las palabras empleadas por Thich Nhat Hanh:

“Inspiro, y noto como mi corazón se acelera. Espiro, y acepto como mi corazón se acelera” o bien

“Inspiro, y observo mi mente agitada. Espiro, e invito a mi mente a descansar”

Una vez que he aceptado esas sensaciones físicas, y calmado mi sistema nervioso, entonces puedo preguntarme ¿qué hay detrás de esas sensaciones? Puede que la respuesta no llegue en el momento, o tal vez me dé cuenta de que hay miedo, o tristeza, o enfado. Puedo emplear entonces una frase como “Inspiro, y noto que me siento triste. Espiro, y abrazo con ternura mi tristeza”. Conocer y aceptar que me siento triste (o enfadado, o lo que sea) me proporciona una información muy valiosa para liberarme de esa emoción, la cual es posible que llevase mucho tiempo conmigo.

Por tanto, el ser capaz de darnos cuenta de lo que está pasando en este momento, y simplemente observarlo, con curiosidad y aceptación, sin resistirnos a ello, es una simple aunque no sencilla práctica en la que nunca vamos a ser buenos; por eso precisamente seguimos practicando. Cultivar la atención al momento presente es una habilidad en la cual trabajaremos durante el resto de nuestras vidas. Por lo tanto, paciencia, y práctica. Recordad la frase del anillo del rey Salomón: ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

 

Si quieres aprender a cultivar la atención plena, y conocerte un poquito más, apúntate a nuestra próxima edición del programa de 8 semanas de Mindfulness e Inteligencia emocional.  Comenzamos a finales de septiembre.

 

 

 

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Cuando estás a punto de estallar

 

A punto de estallar

¿Por qué nos emocionamos? ¿Cuál es el propósito de cada emoción? ¿Es realmente posible aprender a autorregular nuestros estados de ánimo? ¿Cómo debemos hacer frente a las rabietas y crisis de nuestros hijos, causadas por las emociones mal llamadas “negativas”? ¿Cómo debemos manejar nuestras propias emociones cuando nos hacen sentir tan mal? En este artículo de 3 partes sobre mindfulness e inteligencia emocional, exploraremos todas estas preguntas, y mucho más.

Parte 1: Cinco cosas que debes saber acerca de las emociones

Parte 2: Cómo ayudar a nuestros seres queridos a atravesar una tormenta emocional

Parte 3: Recursos y técnicas prácticas para hacer frente a las emociones que nos hacen sentir mal en el hogar, en el trabajo y en el aula.

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Tercera parte:

Herramientas prácticas para cuando estamos a punto de estallar

En la segunda parte de este artículo tratamos sobre la forma en que podíamos ayudar a nuestros seres queridos a atravesar una tormenta emocional. En él hacíamos referencia a los siguientes puntos:

1.Predicar con el ejemplo, y entrenar para prevenir

2. Comprender la verdadera causa

3. Encargarse primero de la parte interna

4. Recuerda, no se trata de tí

5. Aceptar lo sucedido

6. Conviérte en un catalizador de emociones

Si has leído las dos partes anteriores de esta serie, probablemente ya sabrás la respuesta a esta pregunta: ¿cuál es la mejor forma de liberar nuestras emociones “negativas”?

La mejor forma de lidiar con las emociones difíciles

La respuesta a esta pregunta es : confrontarlas de manera consciente. O sea, sentir dichas emociones en nuestro cuerpo, sin añadir más pensamientos a ellas. Simplemente observando como esa ola de intensa energía pasa a través de nuestro cuerpo, sin intentar cambiar nada; sin reprimirlas, ni huir de ellas, sin culpar a otros por cómo nos sentimos. Tan solo sentándonos con nuestras emociones, rindiéndonos a ellas, y dejando que pasen. A veces, este proceso de liberación de la emoción dura apenas unos minutos, y el resultado de dejar ir de manera repetida esas emociones difíciles puede llevar a tu vida una profunda sanación.  Es aconsejable practicar este proceso diariamente, tanto con aquellos sucesos que solo me molestan un poco como con grandes heridas aunque, en este último caso, es recomendable el acompañamiento por parte de un profesional cualificado.

Una vez liberadas estas emociones, es recomendable el centrarnos en algo que nos motive a seguir adelante. Podemos, por ejemplo, establecer pequeñas metas orientadas hacia la consecución de un proyecto personal.

Esta técnica del “dejar ir” es sorprendentemente simple y poderosa, aunque hemos sido condicionados a buscar el placer y alejarnos de aquello que nos hace sentir mal. Aplicando mindfulness a nuestras emociones descubrimos que somos capaces de reescribir nuestros programas, y comenzar a vivir nuestra vida de una forma completamente nueva y con mayor plenitud.

La letra pequeña

PERO, cuando resulta que vamos acumulando día a día determinadas emociones, sin gestionarlas adecuadamente, llega un momento en el que la carga emocional es tan grande que el liberar toda esa energía a través de la práctica del dejar ir requiere de un entorno en el cual nos sintamos seguros y a salvo. Imagina por un momento el estallar en una reunión del colegio de tus hijos, o en la cola del supermercado – igual es fácil el traer a tu mente un recuerdo de este tipo, ¿verdad?- Puede que llegue el día en el que podamos expresar nuestras emociones en público sin avergonzarnos, y sin dañar a otros, obviamente. Aunque, mientras tanto, podemos recurrir a otras estrategias para “soltar” esa carga emocional cuando se quiere manifestar en público.

Gritando

Estrategias sustitutivas socialmente aceptadas

Si tienes hijos a tu cargo, o alumnos, o eres simplemente un ser humano buscando cómo liberarte de esa carga emocional, ya te habrás dado cuenta de que encontrar un medio socialmente aceptado de lidiar con ciertas emociones es todo un arte. ¿Serás capaz de acompañar en un proceso de liberación emocional profunda, manteniéndote al mismo tiempo dentro de los parámetros marcados por el entorno en el que te desenvuelves habitualmente? La mayoría de las veces solo podrás recurrir a “parches” emocionales, a soluciones que, aunque temporales, cuando son aplicadas con consciencia constituyen una mejor alternativa a, por ejemplo, avergonzar a nuestros seres queridos por la forma en que se sienten, o forzarles a reprimir sus emociones. Además, si trabajamos con niños que no son nuestros, es recomendable el no ahondar mucho en su dolor emocional, especialmente si hay historias traumáticas detrás.

Entonces, ¿qué alternativas socialmente aceptables tenemos a la técnica del dejar ir?

Espacio físico

A veces, el disponer de un espacio en el cual poder procesar el malestar que se está experimentando puede ser de gran ayuda. Si es posible, deja a tu ser querido en un sitio confortable y tranquilo, y guíale para que respire de forma profunda y pausada, con sus ojos cerrados. Puedes pedirle que experimente lo que está sucediendo dentro de su cuerpo, sin oponerse a ello, sin proporcionarle aún más energía. Recuérdale que toda emoción, aunque le haga sentir mal, tiene su utilidad, y que proporciona una valiosa información cuando aprendemos a escucharla. Si quiere, puedes ayudarle a poner nombre a esas emociones y sentimientos que está sintiendo, para así disminuir paulatinamente su intensidad.

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Ir paso a paso

Cuando acceder a ese espacio físico no es posible, o bien no es recomendable el soltar de golpe toda la carga emocional que soporta nuestro ser querido, una posible alternativa es el centrarnos en un solo aspecto de aquello que está causando el malestar. Trata de dejar ir los sentimientos que esa parte provoca, y emplea a continuación alguna de las distracciones que mencionaremos después. Por ejemplo, si estás pasando por una ruptura sentimental, trata de centrarte en una sola cosa que seas capaz de dejar ir de esa relación, como podría ser el desayunar juntos por la mañana. Siente el malestar que ese recuerdo te produce, déjalo ir, y centra tu atención en otra cosa durante un poco de tiempo, antes de volver a trabajar en ello.

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Distracciones

Como la mayoría de nosotros sabe muy bien, las distracciones son nuestro mejor recurso a la hora de evitar sentir el dolor emocional. A veces está bien el elegir de manera consciente el distraer nuestra atención en otra cosa, y podemos emplearlas como una herramienta para nuestros seres queridos cuando en el momento de gran malestar no podemos hacer uso de las estrategias vistas antes. Algunas de las más empleadas son: tomar un descanso, salir a pasear, realizar algún tipo de actividad física, escuchar música, ver una comedia, quedar con los amigos, pensar en nuestro último o mayor éxito, o hacer algo creativo.

Más allá de las emociones

Nuestras emociones y pensamientos son importantes, que duda cabe. Pero  a medida que elevamos nuestro nivel de autoconocimiento, nuestra consciencia, comenzamos a comprender que aquello que somos trasciende nuestras emociones y pensamientos. Nos desapegamos de emociones y pensamientos que, hasta este momento, sentíamos que constituían nuestra misma esencia. Dejamos ir ese bagaje de emociones desagradables, desadaptativas, y ello hace que nos abramos a experimentar emociones y sentimientos situados más arriba en la escala de emociones.

Queda mucho por sanar en este mundo, aunque si comenzamos por nosotr@s mism@s estaremos plantando la semilla de un cambio que, más pronto que tarde, tod@s estaremos viviendo. Si deseas adentrarte en este camino, estaré encantado de acompañarte.

 

Cómo ayudar a nuestros seres queridos a atravesar una tormenta emocional

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¿Por qué nos emocionamos? ¿Cuál es el propósito de cada emoción? ¿Es realmente posible aprender a autorregular nuestros estados de ánimo? ¿Cómo debemos hacer frente a las rabietas y crisis de nuestros hijos, causadas por las emociones mal llamadas “negativas”? ¿Cómo debemos manejar nuestras propias emociones cuando nos hacen sentir tan mal? En este artículo de 3 partes sobre mindfulness e inteligencia emocional, exploraremos todas estas preguntas, y mucho más.

Parte 1: Cinco cosas que debes saber acerca de las emociones

Parte 2: Cómo ayudar a nuestros seres queridos a atravesar una tormenta emocional

Parte 3: Recursos y técnicas prácticas para hacer frente a las emociones que nos hacen sentir mal en el hogar, en el trabajo y en el aula.

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Segunda parte :

Cómo ayudar a nuestros seres queridos a atravesar una tormenta emocional

En la primera parte de este artículo tratamos los puntos siguientes:

1. Todas nuestras emociones son válidas e importantes -¡en especial las que nos hacen sentir mal!

2. Las emociones están en el corazón de nuestro sistema de orientación interna .

3. Los estados emocionales que experimentamos no son en absoluto aleatorios.

4. Las emociones no son conclusiones finales, razonadas, que tengas que llevar a la acción.

5. Todos experimentamos emociones difíciles, tarde o temprano, pero no tenemos que quedarnos estancados en ellas.

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Puedes hacer más de lo que piensas

Comprendiendo y llevando a la práctica estos cinco principios acerca de las emociones nos iremos dando cuenta de que se va apoderando de nosotros un gran sentimiento de bienestar y  fuerza interior. Es muy importante una adecuada educación emocional, tanto para nosotros como para nuestros hijos, ya que muchos de los “estallidos emocionales” que suceden en nuestra vida podrían ser prevenidos con tan solo aplicar estos cinco principios.  Aunque esta afirmación puede parecerte un poco radical, lo cierto es que tenemos más poder del que pensamos para actuar sobre la manera en la que nos sentimos. La autorregulación y  la resiliencia (aquella capacidad del ser humano de sobreponerse a hechos traumáticos en su vida)  son habilidades que pueden desarrollarse a través de un adecuado entrenamiento (como el que realizamos en el Curso de mindfulness e inteligencia emocional), como si de un músculo se tratara. Para ello, debemos tener el suficiente corage para realizar un trabajo con nuestras propias emociones, a sabiendas de que a veces puede resultar, como poco, perturbador. Aunque, como suelo decir a las personas con las que trabajo, después de la tempestad siempre llega la calma.

¿Entonces, qué puedo hacer?

A partir de aquí vamos a ver qué podemos hacer para ayudar a nuestros seres queridos a lidiar con sus emociones difíciles. ¿Cómo podemos prevenir esos arrebatos? ¿Cuál es la verdadera emoción detrás de un estallido emocional? Cuando se desata la tormenta, ¿qué podemos hacer para facilitarles el proceso? y ¿Qué actitud debemos mantener1.

1.Predicar con el ejemplo, y entrenar para prevenir

Uno de los grandes errores que me encuentro con mayor frecuencia es el hecho de que queremos ayudar a los demás sin antes habernos ocupado de nosotros mismos. Pretendemos que nuestros seres queridos encuentren la calma practicando determinadas técnicas, mientras que nosotros ni hemos encontrado esa calma ni interiorizado dichas técnicas. Esto es muy evidente cuando hablamos del comportamiento de nuestros hijos, los cuales pretendemos que estén tranquilos y relajados cuando nosotros, la mayor parte del tiempo, vamos a “mil por hora”.

Cuanto más conscientes seamos de nuestro estado, de nuestra situación en esa espiral de las emociones, mayor será la probabilidad de intervenir en él antes de llegar a un estallido emocional (cuando liberamos de manera desproporcionada esa carga emocional que ha ido aumentando al no gestionar de manera adecuada las emociones). La clave está en practicar las diferentes técnicas (como puede ser el escáner corporal, la atención a la respiración, o los pasos para regular una emoción, por ejemplo) cuando nos encontramos en calma, o al menos cuando no nos encontramos emocionalmente sobrepasados. Si llegamos a este punto sin tener la práctica adecuada, es probable que las emociones nos desborden. Por tanto, si ya es demasiado tarde para prevenir, o nos hemos encontrado de manera inesperada con un gran desafío que nos deja sin saber cómo responder, ¿qué podemos hacer para atravesar esa tormenta emocional?

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2. Comprender la verdadera causa

Es fundamental el conocer la verdadera causa que yace detrás de todo desajuste emocional. Puede que te sorprenda un poco, pero la verdadera fuente de todos nuestros sentimientos (ya sean agradables o desagradables) está en nuestro interior. O, dicho de otro modo, ninguna situación o persona nos puede hacer sentir de tal o cual manera a menos que esa emoción ya se encuentre dentro de nosotros. Esto lo explica mejor que yo el doctor David Hawkins, en su libro Dejar ir.

  “La mente racional prefiere mantener las verdaderas causas de la emoción fuera de la consciencia y utiliza el mecanismo de la proyección para hacer esto. Culpa a los acontecimientos o a las otras personas por “causar” un sentimiento y se ve a sí misma como la víctima inocente e indefensa de las causas externas. “Ellos me hicieron enfadar.” “El me ha trastornado.” “Eso me asustó”. “Los acontecimientos del mundo son la causa de mi ansiedad”. En realidad, es exactamente lo contrario. Los sentimientos suprimidos y reprimidos buscan una salida y utilizan los acontecimientos como desencadenantes y excusas para desahogarse. Somos como ollas a presión listas para liberar el vapor cuando la oportunidad se presenta. Los factores desencadenantes son configurados y preparados para que salgan. En psiquiatría, este mecanismo se denomina desplazamiento.

Es debido a que estamos enfadados que los acontecimientos nos “hacen” enfadar.  Si, a través de la constante entrega, nos hemos apartado del almacén reprimido de la ira, es muy difícil, y de hecho, incluso imposible para cualquier persona o cualquier situación “hacernos” enfadar. Lo mismo, por tanto, se aplica a todos los demás sentimientos negativos una vez que hayan sido entregados.”

Lo que sucede, por tanto,  en el caso de una crisis emocional, es que aparece un factor desencadenante (a menudo externo) que “dispara” una serie de sentimientos suprimidos o reprimidos (inconscientes) que ya estaban dentro de nosotros. Y ello puede sobrecargar a nuestra mente consciente, haciendo que nos comportemos a veces de forma irracional y que experimentemeos todas las emociones de manera mucho más intensa.

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3. Encargarse primero de la parte interna

¿Qué significa esto? Que debemos adueñarnos de nuestros propios sentimientos; hacernos 100% responsables de nuestros estados internos, sin culpar a nada ni nadie por “hacernos sentir” de determinada forma. Esto no quiere decir, obviamente, que aceptemos las cosas sin rechistar, o que todo nos de igual. Todos tenemos la libertad para hablar, para actuar, para solucionar los problemas “del exterior”, aunque tendremos una mayor capacidad, una mayor energía, para hacer esto si antes hemos solucionado las heridas emocionales dentro de nosotros mismos. Podremos mostrar más firmeza para realizar un cambio si hablamos desde nuestro centro, sin dejarnos arrastar por la seducción de nuestro propio enfado, o quedarnos congelados por nuestros miedos. Cuando entendemos esta parte, y hemos trabajado en ella, estamos en disposición de acompañar a nuestros seres queridos en sus procesos emocionales.

Por ejemplo, supongamos que un día llega nuestro hijo, o nuestra pareja, a casa mostrando síntomas de malestar emocional. Podemos considerar dos aspectos: los posibles desencadenantes externos, o situaciones con las que se ha encontrado (como podrían ser una pelea en el colegio, una discusión en el trabajo,…) y su estado emocional interno (ansiedad, baja autoestima, miedo,…). Estamos, por lo general, condicionados a creer que lo que causa ese estado emocional, ese dolor interno, es el problema externo. Aunque recuerda que éste solo lo agrava, no lo causa. Nuestra prioridad debería ser la de reconocer y validar los sentimientos que está experimentando nuestro ser querido, ayudándole a expresar con palabras cómo se siente, y permitiéndole así el calmarse poco a poco. Podemos emplear frases como “Veo que te sientes algo _______ y comprendo que pueda resultar difícil para tí. Vamos a tomarnos unos minutos para respirar, calmarnos, y después me cuentas que ha pasado”

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4. Recuerda, no se trata de tí

 La primera pregunta que debemos plantearnos cuando estamos en una situación en la que algún ser querido está experimentando un arrebato emocional es “¿quiero realmente ayudar a mi hij@, pareja, compañer@, o quiero mantenerme firme y pretender llevar la razón? La respuesta puede parecer obvia, en principio, aunque debemos estar atentos: es muy fácil dejarse seducir por el “lado oscuro” de las emociones. Si no estás centrado y consciente en lo que está sucediendo desde el principio, tu ego puede comenzar a tomarse las cosas de manera personal, y sentirse agredido. Si te dejas llevar por la situación, esta se complicará aún más. Por tanto, si deseas de verdad ayudar, deja a un lado tu ego, respira profundamente, mantente plenamente presente y permanece lo más neutral y calmado posible. Recuerda que, a pesar de las palabras que puedan decir, o del comportamiento que puedan tener, no se trata de tí, sino que son ellos los que están lidiando con esas emociones difíciles; son ellos los que están perdiendo el control y necesitando ayuda para encontrar claridad y calma; son ellos los que están gritando porque, en ese momento, no saben qué otra cosa pueden hacer. Trata de ponerte en su lugar tanto como puedas (la empatía es otro de los recursos que desarrollamos en el Curso de mindfulness e inteligencia emocional), sin dejarte arrastar, y ayúdale a gestionar esos impulsos.

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5. Aceptar lo sucedido

A veces, cuando vemos a otras personas comportarse de formas que no aprobamos, tenemos la tendencia a pensar “pues DEBERÍA haber sabido que no podía comportarse así”, o “DEBERÍA haber actuado de tal o cual modo”. Una de las actitudes básicas que desarrollamos con la práctica de mindfulness es el dejar de emitir juicios sobre otras personas. Partamos de la base de que cada persona trata de hacer las cosas lo mejor posible, dentro de sus capacidades. Si hubiese podido actuar de un modo más apropiado, lo habría hecho, pero no lo hizo. Somos seres complejos, y a menudo nos dejamos llevar por impulsos inconscientes. Por tanto, céntrate en el ahora, y ayuda a tu ser querido a regresar a un estado de equilibro emocional, y desde allí podréis hablar de las consecuencias de sus actos, sin dejarse llevar por el enfado. No es la ocasión para ignorar o avergonzar a aquellos que apreciamos, tratando de demostrar “quién manda aquí”. Posiblemente, la próxima vez se desarrollen mejor las cosas.

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6. Conviérte en un catalizador de emociones

Uno de los mayores regalos que me ha traido mi desarrollo profesional es el de servir a otros, ayudándoles a liberar esas pesadas cargas emocionales que tenían acumuladas, algunas desde hacía muchos años. Este dolor emocional que todos llevamos afecta negativamente a nuestra energía, a nuestra salud, a nuestra creatividad, a nuestro bienestar general, en suma. Y el único modo de liberarnos de él es el confrontarlo de manera consciente (algo que también llevamos a cabo durante las sesiones de reiki). Así que, la próxima vez que te encuentres en una situación de “tormenta emocional”, puedes optar por decirle a tus seres queridos que “espabilen”, echándote a un lado, y que cada cual se entienda con sus emociones, o bien puedes estar a su lado, acompañándoles en el proceso de reconocer y aceptar sus emociones, ayudándoles a expresarlas de manera adecuada, guiándoles con compasión a través de la tormenta. ¿Acaso no es este un verdadero acto de amor ?

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En la parte 3 veremos algunas técnicas para ayudarte a lidiar con las emociones difíciles en el hogar, en el trabajo o en la clase. Mientras tanto, si deseas aprender y experimentar por tí mismo, te invito a que dediques unos minutos a descubrir lo que la práctica de Mindfulness y la Inteligencia Emocional puede proporcionar a tu vida. Estaré encantado de acompañarte en este camino.

 

Cinco cosas que debes saber acerca de las emociones

¿Por qué nos emocionamos? ¿Cuál es el propósito de cada emoción? ¿Es realmente posible aprender a autorregular nuestros estados de ánimo? ¿Cómo debemos hacer frente a las rabietas y crisis de nuestros hijos, causadas por las emociones mal llamadas “negativas”? ¿Cómo debemos manejar nuestras propias emociones cuando nos hacen sentir tan mal? En este artículo de 3 partes sobre mindfulness e inteligencia emocional, exploraremos todas estas preguntas, y mucho más.

Parte 1: Cinco cosas que debes saber acerca de las emociones

Parte 2: Cómo ayudar a nuestros seres queridos a atravesar una tormenta emocional

Parte 3: Recursos y técnicas prácticas para hacer frente a las emociones que nos hacen sentir mal en el hogar, en el trabajo y en el aula.

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Primera parte :

Cinco cosas que debes saber acerca de las emociones

La mayoría de nosotros hemos sido condicionados para amar y valorar aquellas emociones que nos hacen sentir bien, y tendemos a evitar las que nos resultan desagradables. Huimos de ellas, las escondemos dentro de nosotros mismos, las proyectamos en otras personas, e incluso nos sentimos avergonzados o culpables cuando estas emociones salen a flote. ¿Por qué hacemos esto? No podemos sentir emociones agradables todo el tiempo, así que vamos a darnos un respiro. Somos seres humanos, seres sintientes, y eso significa que experimentaremos toda la gama de emociones en un momento u otro a lo largo de nuestra vida. (Os dejo una imagen donde se muestra la rueda de las emociones de Robert Plutchik, de la cual hablaré en una próxima entrada).

Y como prometí, aquí están las 5 cosas que debes saber acerca de las emociones:

1. Todas nuestras emociones son válidas e importantes -¡en especial las que nos hacen sentir mal! Nadie debería sentirse culpable o avergonzado por la forma en que se siente. Recuerda que nuestros sentimientos y nuestros comportamientos son dos cosas diferentes. Se pueden corregir los comportamientos sin avergonzarnos de los sentimientos que hay detrás de ellos.

2. Las emociones están en el corazón de nuestro sistema de orientación interna . Los sentimientos crean miles de pensamientos, y estos pensamientos generan entonces más sentimientos y emociones. Es un círculo vicioso. Sentimos en nuestro cuerpo todas las emociones: las agradables, como la alegría, nos harán sentir bien, relajados, abiertos, llenos de energía y de inspiración, mientras que las desagradables nos harán sentir tensos, aletargados, lentos y sin energía. Por lo tanto, prestando atención a la forma en cómo sentimos nuestro cuerpo, sabremos si nos encontramos en un estado emocional que nos potencia o, por el contrario, que nos debilita. ¿Cómo te sientes en este momento?

3. Los estados emocionales que experimentamos no son en absoluto aleatorios. Las emociones se han clasificado en una escala, de los estados más bajos a los más altos. Es muy difícil pasar rápidamente de los niveles más bajos (como la depresión) a los niveles más altos (como el optimismo o la alegría), o al revés. Nuestros estados emocionales fluctúan durante el día, moviéndose gradualmente hacia arriba o hacia abajo de dicha escala. ¡Y he aquí la buena noticia! Podemos cambiar la forma en que nos sentimos a través de nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestra atención. Para ello, sólo tenemos que encontrar un pensamiento que nos haga sentir mejor, o realizar una acción que nos provoque alegría. Puedes hacer la prueba ahora: piensa en algo que te haga sonreir; inhala sintiendo esa sensación en tu cuerpo. ¡Acabas de moverte un peldaño hacia arriba en la escala de las emociones! Es muy sencillo. Si aprendemos a prestar atención a cómo se siente nuestro cuerpo en un momento dado, y hacemos todo lo posible para mantenernos en el rango más alto de las emociones en la escala, vamos a tener más posibilidades de no caer repentinamente en una “emboscada emocional”. Sin embargo, cuando emociones como el miedo, o el enfado, aparezcan (que aparecerán) las reconoceremos y aceptaremos, ya que nos traerán una información valiosa que no deberemos ignorar.

4. Las emociones no son conclusiones finales, razonadas, que tengas que llevar a la acción. Puedes permitirte, por tanto, sentirlas sin miedo a que haya consecuencias funestas. Que te sientas inútil en una determinada situación, por ejemplo, no quiere decir que lo seas. Ni tampoco que el siguiente paso que des sea rendirte. Como hemos visto anteriormente, nuestro estado emocional no es algo que vaya a durar eternamente. Al contrario, sentir es parte de un proceso a través del cual recibimos información sobre nuestros valores y juicios en relación con el efecto que las cosas tienen en nuestro bienestar. Nuestro enfado, por ejemplo, nos informa de que nos sentimos ofendidos, sin que ello quiera decir que, realmente, la otra persona sea un ofensor.

5. Todos experimentamos emociones difíciles, tarde o temprano, pero no tenemos que quedarnos estancados en ellas. Solemos creer que las emociones son el problema. Que el miedo, el enojo, la culpa, etc., son los problemas que nos acosan. Y no es así. Se convierten en problemas cuando no sabemos cómo aprovechar la información que aportan, cuando nos «enredamos» en ellas y nuestra ignorancia emocional las convierte en un problema más. Entonces sí, cada uno de estos estados agrega más sufrimiento inútil a la experiencia que vivimos. Pero, y lo repito una vez más, no es la emoción en sí lo que nos perturba sino el no haber aprendido aún cómo leer y aprovechar la información que transmite. Una vez recogida dicha información, y realizados los cambios apropiados, podremos movernos hacia arriba en la escala de emociones.

 

Mantente atento a las partes 2 y 3. En la parte 2, vamos a ver lo que puedes hacer para ayudar a un ser querido a navegar a través de una tormenta emocional. Y en la parte 3 trataremos herramientas y técnicas para ayudarte a lidiar con las emociones difíciles en el hogar, en el trabajo o en la clase.

Mientras tanto, si deseas aprender y experimentar por tí mismo, te invito a que dediques unos minutos a descubrir lo que la práctica de Mindfulness y la Inteligencia Emocional puede proporcionar a tu vida. Estaré encantado de acompañarte en este camino.